¿Quién no ha sentido temor, enfado, frustración, desilusión, soledad o culpa?

¿Cuán de maravillosas pueden ser estas emociones si las gestionamos bien?

Los seres humanos somos seres emocionales pero parece que vamos por la vida sintiendo constantemente sin conocer con detalle y profundidad cuestiones como ¿de dónde vienen y cómo se generan mis sentimientos? ¿para qué sirven al ser humano?, ¿Qué nos dicen? ¿De qué nos avisan? o ¿Qué podemos hacer con nuestros sentimientos?

Eso es algo que abordaremos hoy desde una perspectiva profesional práctica y de enfoque: Dar un paso más allá en nuestros puestos de trabajo. ¿Cómo? Pasando del por qué al para qué.

Sigue existiendo hoy en día una tendencia general a interpretar interiormente que: “Las emociones no se pueden cambiar” y, que “nos vemos sometidos a ellas“. Ese… “no se puede hacer nada” sentimental.

Desde mi punto de vista hay una cosa cierta en materia de gestión emocional: Las emociones que estás sintiendo no se pueden cambiar.

En el sentido estricto de la emoción: primero aparece la manifestación física de la emoción. Tras ella, aparece la toma de conciencia sobre lo que se está experimentando físicamente,  para, por último, darle nombre y explicación a eso que estamos sintiendo.

Según este esquema se podría decir claramente que las emociones “no se pueden cambiar” ya que primero aparece la emoción y después la conciencia de lo que estamos sintiendo. 

Veamos esto con un ejemplo: Sentémonos juntos ahora a ver una película de miedo.  Mientras disfrutamos de la película, experimentamos diferentes niveles de sustos y miedos.

Según el esquema expuesto, lo que nos ocurre interiormente en cada uno de nosotros es lo siguiente: Primero, percibimos de forma física el temor, el susto; después, somos conscientes de qué es lo que sentimos y como tercer paso, damos la explicación racional para entender qué es lo que está pasando que en nuestro caso sería algo como: “me he asustado porque estoy viendo una película de miedo”.

Y ¡ojalá que la vida fuera así de sencilla! Ojalá pudiéramos interpretarla así cada vez que sentimos emociones complejas de temor, de herida, enfado, frustración, desilusión, soledad o culpa. ¿No crees? Pero, no parece ser así.

El quid de la cuestión es que las emociones no se pueden cambiar en su manifestación física porque ésta precede a la consciencia y a la explicación de lo que se percibe. Pero la clave no está ahí, en no poder cambiar la emoción, sino en las explicaciones que nos damos. Y la clave está en las explicaciones porque las explicaciones si son modificables.

¿Crees que cuando estás en un momento de éxito y motivación das las mismas explicaciones a lo que sientes que si  estás viviendo una etapa de frustración o de sentimiento de fracaso?

Cuando nos invaden este tipo de emociones, escuchamos un martilleante “run, run” de nuestro pensamiento yendo a toda velocidad buscando explicaciones a lo que sentimos, ese ¡¡porqué!!. Nuestra mente nos fríe a imágenes, nos sume en experiencias internas y pensamientos que nos hacen permanecer más tiempo del deseado en estos sentimientos complejos que hoy abordamos y que dicho sea de paso, a ninguno nos gusta mucho sentir.

¿Cuál podríamos decir que es la consecuencia común?

“El más allá”.

Un principio importante en la gestión emocional práctica para nuestro día a día profesional y/o personal es ese paso “más allá”.

Este principio que he llamado “más allá” no se fija tanto en lo que sentimos y el por qué, sino en lo necesario de deshacer un bloqueo y avanzar. Un mirar más allá, más enfocado al objetivo final, para salir de un presente obstaculizador. Y el objetivo de este “más allá”, es llegar a un presente orientado a la solución más motivador y constructivo.

Todos somos sobradamente capaces de sentir las emociones nombradas, pero se nos olvida que somos igual de capaces de salir de ese estado para continuar con algo más importante que supera lo inmediato, que supera el qué se siente y por qué.

Se nos olvida que somos igualmente capaces de coger impulso, foco y motivación y, orientarnos al objetivo y a la solución. ¿Cómo? Con el para qué.

¿Por qué? Porque el para qué sirve para cambiar nuestro enfoque e ir un paso más allá.

Todos tendremos siempre fuertes y poderosos por qués que nos mantienen en un estado de ánimo. Y todos tenemos siempre la elección así del tipo de estado de ánimo asociado al que nos anclamos: uno positivo y motivador o uno alejado de nuestro centro, llenándonos de desequilibrio o amargor.

  • ¿Para qué continuar en una situación profesional personal sometida a la soledad, frustración o el enfado?
  • ¿Para qué continuar en una situación profesional personal dominada por el temor, herida o desilusión?
  • ¿Para qué mantener una situación profesional personal sumergida en la culpa?
  • ¿Para qué continuar en la culpa, la herida, el enfado o la frustración?
  • ¿Para qué ………………………………………………………………………. ?

 

Te invito a reflexionar sobre este tema y a compartir con un comentario en el blog.

Con cariño,

Davinia.

¡Te invito a compartir en tus redes este artículo o dejarme un comentario!

Davinia García, Especialista en Felicidad
Coaching personal online.
Cuida tu felicidad, eres donde vas a vivir ¡siempre!

 

 

 

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies

Me encantaría que fueras lector de la Felicidad

Al suscribirte a mi Newsletter disfrutarás de mucho más que de contenidos ¡PROMETIDO!

Bienvenido ¡querid@ lector! Gracias por suscribirte a la Felicidad.