La amabilidad es un privilegio del ser humano,

Simplemente la amabilidad existe pero es como la religión hay quien no es practicante.

A razón de esto publiqué en Facebook: El arte de ser amable que vive a nuestro alrededor. Y decía esto sobre la amabilidad:

la amabilidad davinia coaching» Yendo camino a realizar una formación a Barcelona hoy en el tren, un joven de mi edad aproximadamente, muy amable ayuda con un problema con los cascos a dos mujeres sentadas cerca de 83 y 84 años. El mismo, que al parar el tren en Tarragona ayuda a las mujeres, felices con el inicio de sus vacaciones, a bajar sus maletas.

Creo que la amabilidad está a nuestro alrededor, la cuestión más bien es si preferimos mirarla y practicarla o no.

Tras escribirlo y antes de publicarlo, se lo enseñado al joven en cuestión dándole las gracias. El joven se ruborizó y me devolvió las gracias.»

¿Se mejoró ese día el mundo? Yo creo que una gota sí. Porque de la publicación, las personas que la vieron y compartieron, pudieron sentir que no hay que ser nadie especial para ser especial.

En ese mismo viaje me ocurrió otra cosa.

Vi a un señor pidiendo sentando a las puertas de un supermercado, con un perro, mirada firme y muy delgado. El perro a su lado comía un lata, no recuerdo de qué. Imaginé que alguien se la había comprado. Me acerqué a este hombre y me salió preguntarle, ¿qué necesitas?

A lo que me respondió, eres buena persona. Un señor me ha comprado un filete y ya tengo como hacerlo. ¿Podría darme una lechuga y un tomate para acompañarlo? ¿Una lechuga y un tomate? Me sentí ridícula y le dije, ahora se lo traigo. Al entrar y comprar lo que me pidió, me decía que no podía ser eso sólo nada más. Me dio vergüenza sacarle sólo eso, sinceramente, así que lo que hice fue comprarle algo de embutido para el día siguiente, acompañado por pan, y un dulce por si lo quería para el postre.

Al salir y dárselo me pidió si podía darme la mano como signo de gracias. Me explicó donde vivía y que no armaba nunca ningún jaleo por vivir en la calle, en un parque cercano, donde la gente ya le conocía pero él no molestaba. Me contó que a veces algunos vecinos iban a comprar y le dejaban con él el perro para que lo cuidara mientras ellos compraban. Y me repitió que era buena persona y que deseaba que nunca me faltara nada.

A punto estuve de echarme a llorar, que poco hacemos, ¿verdad? y ahí delante de este señor que vivía en la calle, él me decía: deseo que nunca te falte de nada. No con rencor, sino con corazón.

La amabilidad está rodeándonos pero no somos conscientes.

A dónde estamos mirando constantemente para no estar presentes en las muestras que existen de amabilidad. Vivimos demasiado encerrados en nosotros, nuestras prisas, nuestros problemas, incluso en nuestros problemas que no son problemas.

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Recuerdo a José Miguel Fernández Dols, mi profesor de Psicología Social en la Universidad Autónoma de Madrid, era nuestro primer año y uno de los ejercicios que nos propuso fue el siguiente:

Prueba cada vez que vas en trasporte público a cada persona que te encuentres con la mirada, cruces una palabra o coincidas esperando, suéltale tu mejor sonrisa y luego date cuenta de qué es lo que pasa.

Y lo hicimos, ¡vaya si lo hicimos! y

Este fue el resultado:

  • El conductor del autobús cabreado: sonrió.
  • El niño enfadado sobre su madre esperando el metro: sonrió.
  • La madre del niño: sonrió.
  • El señor trajeado con prisas y mirando al suelo: sonrió.
  • La chica que miraba con prisa para que la escalera mecánica se diera más brío: sonrió.

Todo el mundo a quien sonreímos amplia y sinceramente, sonrieron. ¿No será que echamos de menos la amabilidad? Si no fuera así, ¿no crees que no se devolverían las sonrisas?

Podemos entender que el mundo en general tiene sus problemas y andamos cabreados, pero si entendemos esto, y lo entendemos de verdad, entonces necesitamos la amabilidad para contribuir a sanar los problemas y cabreos que sentimos a diario.

La amabilidad no se paga, se siente.

Y se hace sentir, y ¡qué bonita es cuando se presenta!

Cuando llegamos a clase con las conclusiones de nuestro experimento, fue nuestro querido profesor quien nos dijo:  podemos contagiar amabilidad y alegría. Porque el ser humano es un ser social, pero sobre todo es un ser emocional. Primero sentimos a través de nuestras emociones básicas y luego utilizamos la lógica para determinar qué ha ocurrido. Lo que no quiero que olvidéis nunca, es que el estado de ánimo se contagia.

El estado positivo, motivador, la alegría y la amabilidad se contagian. Cuando las experimentamos somos capaces de hacer a los demás sentirlas también.

Los estados negativos también se contagian. Pero hay pocas personas que si les das pié, prefieran continuar cabreados, en vez de devolverte la sonrisa.

Por la amabilidad y la sonrisa.

Con cariño,

Davinia.

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Davinia García, Especialista en Felicidad
Coaching personal online.
Cuida tu felicidad, eres donde vas a vivir ¡siempre!

 

Las fotografías utilizadas en este post han sido de Psicología Malena Lede y Alex Rovira. Mi recomendación para ti, continuando con la línea de la Amabilidad es la apuesta sobre la Felicidad con mi querida Louise Hay ->

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