Felicidad un gran término que parece nunca llegar y sostenerse para siempre.

Felicidad, esto eres.

Venimos a este mundo a ser felices. Es una premisa que estando en Perú, Lima, en el cariñosamente llamado parque de los gatos –el parque Kennedy– se me reveló producto de una serie de experiencias anteriores.

Querido lector, hoy me dirijo a ti en primera persona para que veas que es posible encontrar la felicidad. Que seamos felices es un trabajo diario pero si las decisiones que debemos tomar en nuestra vida tienen que ir a favor o en contra de nuestra felicidad ¿No crees que es mejor hacer el pequeño esfuerzo de tomar decisiones hacia nuestra felicidad?

Hoy quiero explicarte porqué sinceramente creo –y esto es algo que he llevado a cabo en mi vida personal y profesional– cómo somos felices y para qué. Y es que yo creo que somos felices por naturaleza, sin embargo, pienso que debemos determinar de qué hablo cuando me refiero a felicidad, a ser felices.

La felicidad para mí es un estado. Tiene que ver con desarrollarnos para lograr ser la persona que queremos ser y tener la vida que queremos. Cuando estamos alineados con esto estamos desarrollando nuestro máximo potencial. Pero también nuestra gran personalidad, valores y forma de ser. Es como logramos perfeccionarnos y vamos avanzando y creciendo. Ese es el lugar donde nos queremos sin traicionarnos y con respeto.

Es donde estamos y logramos el equilibrio perfecto.

Este equilibrio es similar al que percibes cuando miras a los ojos una persona que sinceramente está a gusto con quien es. Probablemente en su mirada ves que inhala una cierta paz. Es una tranquilidad que no se perturba incluso en temas donde se critica; no se pone nerviosa ni se frustra. No cede, no juzga y no critica. Parece que pasa por encima de esas cosas que a veces nos cuesta enfrentar y nos enganchamos a ellas, en vez de soltarlas.

Cuando vemos a esa persona hay otro dato importante. Somos capaces de percibir un brillo en sus ojos. Apreciamos cómo está físicamente: tranquila, en postura abierta en general. No está cerrada con tensiones, apretando la mandíbula o pensando “Oh, Dios mío ¿Qué me va a pasar si hago o digo esto o aquello?”

La segunda parte sobre la felicidad y el término que utilizo tiene un significado que va más allá. Incluye nuestro estilo de vida o nuestras metas personales –siempre voy a hablar de metas personales– abarcando lo espiritual, social, familiar, económico y profesional porque son nuestras ilusiones, son nuestros sueños, nos pertenecen.

Estar en el camino que hace posible ir convirtiendo nuestro estilo de vida y nuestras metas en realidad nos hace ser más seguros y confiados. Si vemos a una persona que está a gusto con quien es interpretaremos que está en un nivel de éxito, es decir, no solamente vemos que le brillan los ojos y que está en paz consigo misma.

Una persona feliz no intenta tener razón.

Y lo comprobarás cuando al conversar te hable compartiendo lo que sabe, lo que ha aprendido y te puede ayudar. Él o ella va más allá porque sabe que tiene algo, un bien preciado de un valor incalculable, también sabe que el resto lo puede conseguir y lo comparte. Y te comprenderá. Y querrá que alcances tus sueños, metas y lo que deseas.

Cuando estamos más alineados con nuestra vida, con nuestra razón de ser, cuando nos preocupamos en tener tiempo para averiguarlo. Cuando nos ocupamos en tomar las decisiones y el esfuerzo de conseguirlo, vamos hacia nuestra felicidad. Y no solo nuestra, los sueños son compartido, nunca estamos solos.

Además cuando estamos alineados y felices con lo que somos, queremos ser, tenemos y a donde queremos llegar, no solo somos felices nosotros, hacemos felices a los que nos rodean. Viviendo una vida más plena con un bienestar y una calidad de vida más elevados. Logramos contagiar a los demás y logramos que los demás puedan participar. Y sí, cuesta.

Venimos a ser felices aquí porque de lo contrario no tendríamos esto.

Ni la capacidad de aprender, de transformarnos, de modificar y de crear; no tendríamos la capacidad de soñar, no nos valdría la capacidad de comunicarnos ¿Para qué? ¿Para venir y pasarlo mal? Sería un sinsentido absoluto.

Es verdad que nos hemos rodeado de tantas cosas que hemos perdido de vista para lo que estamos hechos. Estamos hechos para ser grandes personas, en cualquier cosa que hagamos, ser profesionales, padres y amigos; incluso estamos hechos para ser grandes contribuyentes de la sociedad.

Así, quiero compartir contigo algo que me acompaña y llevo defendiendo y enseñando muchos, muchos años: nos hemos confundido con la felicidad y con el no puedo, porque el no puedo lo utilizamos cuando en realidad lo que queremos decir es “no sé cómo hacerlo”. Cambia el NO PUEDO por el NO SE COMO hacerlo, siempre que lo necesites.

Somos grandes porque tenemos la capacidad en nuestras manos de ser felices, podemos elegir e intentar aislar de nuestra vida las cosas negativas para cumplir nuestro objetivo. Cada uno tiene una razón poderosa por la que hacerlo y cada uno también tiene una razón poderosa para no hacerlo. Elige aquello para lo que naciste: SER FELIZ.

Con cariño, Davinia.

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Davinia García, Especialista en Felicidad
Coaching personal online.
Cuida tu felicidad, eres donde vas a vivir ¡siempre!

La fotografía la encontré en Pinterest y me encantó para el post. Para seguir leyendo sobre Felicidad esta es mi recomendación.

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